Impresiones.

Con lo que he tenido que malvivir
durante los dos últimos años, causado
por alguien, quien se cruza en mi vida
un mal día y ni por asomo me imaginaría
todo lo malo que me vendría después, no
he sentido un amplio abanico de preocupación
de aquellos familiares que al preguntar en
una sola llamada qué ha pasado y cómo
estás, creen que ya está.
Consideran que una vez es suficiente y te
quedas sin palabras durante un buen rato.
Incluso tienes que escuchar de alguno/a
que no insisten porque no quieren molestar.
Son los mismos que si solo llamas una vez
por Navidad, te echan en cara esa llamada.

Perplejidad me produce mi antiguo ámbito
de trabajo. Sólo chismes quieren saber, pero
mi caso no lo es. Parece que quieren a toda
costa escurrir el bulto y no puede ser.
Cuando se informa de una actitud totalmente
inadecuada hay que tomar cartas en el asunto.
Y no quedarse de brazos cruzados. Amparo
profesional necesitaba.

Lo que más sientes es soledad ante esa
adversidad provocada por un monstruo, que
partió mi vida y ahora soy yo quien tengo
que unirla. Injusto, ¿verdad?